¿Qué sabemos de los dragones?

Historias de dragones

La existencia de los dragones se sustenta en una diversa cantidad de leyendas y representaciones, diseminadas en la mitología de todas las culturas, encontrando ejemplos desde China (los más famosos), hasta dragones Eslavos, Nórdicos… También al otro lado del charco, los indígenas colombianos tenían su propio dragón, o las “serpientes del abismo marino” en la zona de los Andes.

Aunque también aparecen pequeñas diferencias, puesto que el concepto de dragón en cada cultura se transmite con sutiles diferencias. Por ejemplo, los dragones chinos se presentan como criaturas buenas y colaboradoras, mientras que los dragones europeos y persas son mostrados como criaturas malvadas. Con frecuencia son asociados con la longevidad, y son fuente de magia y poderes sobrenaturales.

Pero entre todas esas culturas, incluso en aquellas que no han coincidido en el espacio ni en el tiempo, describen seres muy similares, con características idénticas.

Es tan extraña esta similitud, que los científicos han planteado como explicación de este fenómeno, la posibilidad de que el descubrimiento de fósiles de dinosaurio, por parte de los nativos de cada uno de los lugares, les hiciera imaginar seres parecidos.

¿Podría ser verdad que todos ellos se toparan con un dragón?

Podría ser. Pero en tal caso, habría que darle explicación a cómo podían tener esas cualidades que los hacen tan especiales y divinos (o diabólicos).

Pequeño dragon
Pequeño dragon

Relatos de dragones

Vayamos en busca de dragones, para conocer, por ejemplo, qué hay de cierto tras la historia de personajes como Daenerys Targaryen, la poderosa “Madre de dragones”, de la serie de ficción Juego de Tronos. Obviamente, sabemos que Daenerys no es real, es un personaje de ficción de la saga de literatura fantástica “Canción de hielo y fuego”, escrita por George R. R. Martin, del mismo modo que su homólogo J. R. R.Tolkien, célebre autor de El Hobbit o El Señor de los anillos, diera vida a Smaug, el último de los grandes dragones que habitaron la Tierra Media, más de 60 años antes de que Martin comenzara a componer su popular serie de novelas.

 

Daenerys Targaryen
Daenerys Targaryen

Mucho antes al éxito de autores como los mencionados J. R. R. Tolkien y George R. R. Martin. YA podemos encontrar leyendas caballerescas o, más concretamente, a aquellas cuyo trío protagonista estaba formado por un caballero, una doncella y, desde luego, un dragón. Probablemente, uno de los mejores ejemplos de esta clase de relatos lo constituye la archiconocida leyenda de San Jorge y el dragón.

Mucho antes, encontramos el poema épico de Beowulf, ambientado en Escandinavia (siglo VIII), cuyo héroe homónimo, rey de los gautas, pelea hasta la muerte con un feroz dragón que está destruyendo su reino y guarda en su cueva un fabuloso tesoro.

También tenemos la conocida historia de Sigfrido –o Sigurd–, héroe de las mitologías germánica y escandinava, quien con la ayuda de un maestro herrero mata al dragón que custodia un enorme tesoro (el de los nibelungos en la versión germánica).

O incluso la muy anterior de las hazañas más famosas de Hércules, que refleja en el relato de los doce trabajos, según la versión más extendida del mito, la diosa Hera provocó en el semidiós un acceso de locura por el que este dio muerte a su esposa e hijos. En penitencia, el oráculo de Delfos le dijo que debía servir a Euristeo, rey de Tiro, durante doce años. Euristeo, enemigo de Hércules, le encomienda doce trabajos mortales, uno de los cuales consistía en matar a la poderosa Hidra.

La Hidra de Lerna, llamada hidra por tratarse de una serpiente acuática, que vivía en un pantano en las cercanías de Lerna, era una enorme sierpe de múltiples cabezas, hija del monstruo Tifón y de Equidna, a la que, por su ferocidad y celo, se le encargó el cuidado de la entrada al inframundo. La cantidad de cabezas que tenía varía según el relato, oscilando entre tres, cinco, siete, nueve y hasta cien, incluso más.

Este no es un fenómeno exclusivo de la Hidra, veremos que, a lo largo de la historia, el dragón ha adoptado la forma de un monstruo policéfalo en múltiples oportunidades, como en el caso de Yamato no orochi (Japón) o de Zmey Gorynych (Rusia). El dragón del Apocalipsis también tiene muchas cabezas, y el dragón Kulshedra o Kuçedra parece ser, por su parte, el derivado albanés de la Hidra.

 

Hercules contra la Hydra
Hercules contra la Hydra

Nuevamente encontramos a Hércules en otro enfrentamiento contra un dragón, esta vez a propósito del penúltimo de sus trabajos. Nos referimos al robo de las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides.

El Jardín de las Hespérides (palabra que hace alusión a Héspero en los mitos griegos, y Vésper en los latinos, estrella vespertina) era el huerto de Hera en occidente, ubicado, según algunos relatos, en la Cordillera del Atlas, en el noroeste de África, aunque hay mitos que la ubican al sur de la península Ibérica y otros en Libia. En él, moraban tres ninfas de los árboles (melíades) conocidas como las Hespérides, las que, junto a su padre Atlas, custodiaban un árbol de manzanas doradas que otorgaban la inmortalidad. Hera, sin embargo, no confiaba ni en las Hespérides ni en Atlas para custodiar dicho árbol, por lo que puso allí un dragón que nunca dormía, llamado Ladón.

En los tiempos medievales, la mayoría de las personas que oían hablar de los dragones los conocían por la Biblia, y es probable que la mayoría de los cristianos en ese momento creían en la existencia literal de los dragones. Después de todo, Leviatán, un monstruo descrito en detalle en el libro de Job, capítulo 41, parece describir en detalle a un dragón.

Lo más curioso e inquietante es que en Anatolia, Armentia y el Kurdistán iraquí hay evidencias literarias y arqueológicas que apuntan a una fascinante posibilidad, que nos indica que en tiempos muy remotos, hubo un estirpe de “hombres-dragón” habitó la tierra.

En este sentido nos encontramos las de Vahagn, rey mítico de la Gran Armenia, que pasó a la historia con el sobrenombre de «cazador de dragones». O la más plausible de Tigranes el Grande, emperador armenio, pues el relato desmitifica al dragón proporcionándole un nombre –Ajdahak– y un rango a la altura de Tigranes (Ajdahak es un “rey dragón”).Y es que en Armenia, país limítrofe con Asia Menor, patria de San Jorge, los dragones resultan inquietantemente humanos…

El vocablo armenio para designar al dragón es “vishap”,una palabra de origen persa que significa «con saliva venenosa». De ahí que en la mitología irania –del antiguo Irán–se utilizara con frecuencia este término como calificativo del Azi Dahaka (Gran Serpiente en avéstico, la lengua de los textos religiosos del zoroastrismo), una especie de dragón demoniaco con tres cabezas y seis ojos. Pero, al contrario que en la mitología persa, en las tradiciones populares armenias el dragón no siempre tiene carácter maléfico.

Azi Dahaka
Azi Dahaka

Por ejemplo, en varias leyendas armenias se asume que los dragones constituían tribus o familias, distinguiendo a los «jefes dragón» del resto de individuos que integraban los clanes.

En cuanto a su capacidad para volar, en un texto del monje Eznik de Kolb (siglo V) se explica que los dragones ascendían al cielo como torbellinos, subidos en «carros voladores tirados por bueyes», expresión que hace pensar en que se habrían servido de algún medio mecánico para hacerlo, pues no tendrían alas propiamente dichas.

 

¿Existieron los dragones?

Quienes nos hemos educado en la cultura occidental, tenemos una idea bastante aproximada de cómo es un dragón, gracias sobre todo a las tradiciones populares recogidas en cuentos, leyendas, novelas y, en tiempos más recientes, el cine y la televisión. Así, en nuestra mente dibujaremos una especie de reptil gigantesco, alado, con la capacidad de escupir fuego y, a menudo, habitante de una cueva –o de un lago– en la que protege ferozmente un fabuloso tesoro.

De forma general, los dragones son criaturas, que suelen ser descritas como monstruos grandes, o como poderosos reptiles de poderes mágicos y espirituales. Los dragones pueden volar y escupir fuego (aunque hay dragones que no tienen alguna de estas habilidades) y a diferencia de el resto de los animales, poseen una enorme inteligencia.

Pero ante la pregunta de si existieron o no, debemos basarnos en los argumentos que nos plantean los científicos, que como no tienen pruebas físicas de su existencia, lo que hacen es argumentar el motivo por el que creen que no existieron.

Uno de los argumentos más fuertes que plantean es que un animal supuestamente tan pesado no podría volar, ni escupir fuego sin quemarse pero una evidencia es que si éstos animales hubiesen existido, habríamos encontrado fósiles o esqueletos y no hay documentado ningún hallazgo de un dragón.

Vamos a intentar ofrecer, en éste artículo, argumentos que resuelvan las dudas que plantean los científicos.

Sobre la falta de hallazgos de restos de dragón, es complicado argumentar algo para apoyar la existencia de los dragones, aunque viendo imágenes del Dimorphodon, podría hacernos pensar si podría haber sido el antepasado de lo que entendemos por Dragón ahora…

¿Qué opinas?

dimorphodon esqueleto
Posible antepasado del Dragón

 

¿Cómo podía volar un ser tan pesado?

La única explicación posible es que las alas de un dragón podrían parecerse a las de un murciélago. Se sujetaban sobre cuatro puntos y eran capaces de transportar más peso que las de un pájaro, que se sostienen en sólo dos.

Aún así el peso sería demasiado elevado, por lo que para poder aligerarlo tenían unas vejigas que se llenaban de gas, creando un efecto de globo aerostático, aligerando de forma importante el peso total del dragón.

Todos los animales tienen bacterias en sus intestinos que les ayudan a digerir la comida, durante este proceso, estas mismas bacterias emanan elementos metabólicos como el gas, principalmente metano e hidrógeno.

El hidrógeno sería canalizado a dos compartimentos de almacenamiento especializados: las vejigas del dragón, que una vez completamente infladas, le ayudarían a disminuir su peso para emprender el vuelo.

Los animales voladores (pájaros, murciélagos, etc.) reducen su peso por medio de estructuras óseas huecas o en forma de “panal de abejas”. Si tenemos en cuenta el esqueleto para elaborar una teoría que intenta explicar cómo estas criaturas eran capaces de volar, incluso con huesos huecos, un dragón era demasiado pesado como para alzar el vuelo. Sin embargo, si unimos a esta característica la ligereza que le proporcionaba el hidrógeno, llegamos a la conclusión de que los dragones eran los suficientemente ligeros como para poder volar.

Dragon volando
Dragón volando

 

Ahora ya sabemos por qué los dragones podían volar pero… ¿cómo es posible que fuesen capaces de escupir fuego?

El mismo hidrógeno y metano utilizado para incrementar la ligereza de los dragones funcionaba también como combustible para originar las llamas. Sin embargo, para que esto fuese posible, era necesaria una reacción. Los científicos formularon la hipótesis de que los dragones podrían valerse de
platino en polvo, un catalizador que estas criaturas conseguían con la ingestión de rocas sedimentarias. El metal funcionaba como un detonante, produciendo una chispa que a su vez reaccionaba con el hidrógeno almacenado en la vejiga de los dragones. De esta manera, se creaban las llamas.

Esta teoría arroja un punto débil en el dragón, que era el propio gas, ya que como hemos dicho le ayudaba a volar, pero si escupía fuego, gastaba hidrógeno y metano, por lo que perdía la posibilidad de volar.

Otra teoría nos explica el proceso en los parientes más pequeños de los dragones, el guiverno o dragón heráldico. En vez de las características cuatro patas con las que se representa a la mayoría de estas criaturas, estos solo poseerían dos.

Como lanza fuego el dragon
Como lanza fuego el dragon

Esta teoría plantea que los riñones sintetizan una enzima altamente reactiva que los dragones vierten al estómago. Los jugos gástricos reaccionan con la enzima y dan lugar a una mezcla ácida, volátil y muy inflamable y el animal regurgita la mezcla y la almacena en bolsas situadas a ambos lados del cuello.

Cuando necesita arrojar fuego, el dragón contrae los músculos del cuello, presiona las bolsas y suelta una bocanada de por la tráquea.

Así, expulsa un chorro de combustible como si fuera un aerosol y al salir de la boca a presión, el combustible se combina con el oxígeno del aire y se inflama. De este modo el dragón escupe fuego sin abrasarse.